Los podcasts conversacionales de mujeres que no me gustan

Lauraotononlife podcast from pixabay
El podcast se busca

Los podcasts conversacionales son uno de los favoritos de las nuevas generaciones. No es otra cosa que una pareja o un grupo de personas opinando de diferentes temas con el objetivo de crear comunidad y entiendo que opinión pública. Los hay que tienen una temática concreta: historia, investigación, arte…Pero los hay en los que, de manera aleatoria, cada episodio o capítulo se habla de algo diferente de la condición humana, normalmente de forma básica y mordaz. A poder ser con lenguaje soez, ya no coloquial, y creando polémica.  A los que quiero dedicar estas líneas son los podcasts conversacionales de mujeres. He hecho por escuchar casi todos los que caen en mis sugerencias y otros de los que oigo hablar y busco desesperadamente con una mirada de esperanza. Ninguno me interesa. Es claramente una brecha generacional la que nos separa porque no me gusta la forma que tienen de abordar los temas y tampoco conecto con la forma de contarlo. La mayoría son milennials con intereses diferentes a una señora como yo. Pero me resisto a pensar solo en esto.

La mayoría son milennials con intereses diferentes a una señora como yo

El salto de la SER a Podimo de Silvia Abril y Toni Acosta pone esperanzas en este género. El programa de radio, explotado también por la casa como podcast, pasa a ser un producto de audio exclusivo por suscripción de la multinacional nórdica en España. Con ellas sí disfruto, me gusta su forma de abordar las cosas desde el humor, su rol de madres y esposas casadas o separadas, y una mirada que se presupone culturalmente cultivada aunque sean muchas veces transgresoras y políticamente incorrectas. Me gustan. Han renunciado al ansiado propósito de todo comunicador de conseguir su programa -de fin de semana- en la SER: “El Grupo”. Ahora “Las del grupo”, con la productora El Terrat detrás, van a hacer una nueva temporada intentando superar los dos millones y medio de reproducciones de sus dos últimas temporadas radiofónicas. Igual es que detrás de una pátina de marketing tiene que haber algo más, ¿no?

El ser humano necesita muchas cosas para desarrollarse plenamente. Es un animal social por naturaleza y necesita experimentar un sentimiento de pertenencia a algún grupo. La sociedad actual ha creado individuos que viven, a veces, aislados por dinámicas de trabajo que no permiten desarrollar las relaciones como antes. Encontrar alguien con quien te identificas por tu situación, condición, por tus intereses de ocio o intelectuales, etc. genera la búsqueda de grupos en la nueva puerta de acceso a todo: el smartphone. Además, la multicanalidad nos permite que el, ya cada vez menos, teléfono nos dé acceso a las redes sociales, o elementos multimedia que más nos interesan para llenar nuestro tiempo libre. Simplificando mucho, es lo que ocurre con los podcasts conversacionales. En el caso de los de mujeres buscan elementos de interés. Por ejemplo, el neofeminismo, las relaciones de pareja, el sexo, los hombres, la homosexualidad, la necesidad del hedonismo femenino, la maternidad…Claro que tampoco lo llaman así porque sería ofrecer una visión amplia de los temas, profundizarían documentándose y aportando bibliografía para reflexionar, aunque no compartas el enfoque, como hace magistralmente Jorge Carrión en “Solaris”.  Así sí.

Son hijas de la sociedad líquida que, si Bauman siguiera entre nosotros reflexionando, hubiera otorgado la categoría de gaseosa. Y me dirás que la demanda aviva la oferta. Claro. Poder elegir lo que se escucha, se ve, se comparte y se viraliza es fundamental. Es el mejor ejercicio de la democratización del sonido. A los medios tradicionales se les acusa de intereses ideológicos asumidos sin pudor. En el caso de estos podcasts también lo veo. Hemos hablado a lo largo de todos estos años de telebasura, la hemos documentado, pero nadie se atreve a abrir el melón del audio basura. Algunos apuntan a la burbuja del audio utilizando un eufemismo más. Otros apelan al humor cómico, desenfadado de mujeres hablando de mujeres, pero con únicamente un centro de actuación: la vagina (en todas sus acepciones). Igual es que como mujer me considero meritoriamente más que este órgano.  Es curioso porque siempre que la mujer ha querido desprestigiar al sexo opuesto, le ha acusado de operar vitalmente nada más que con sus genitales. Y esta nueva ola aplica de la misma manera, pero a la inversa, ponderando y reduciéndose a lo que se ha convertido en un icono de la cultura pop.

Siempre que la mujer ha querido desprestigiar al sexo opuesto le ha acusado de operar vitalmente nada más que con sus genitales

Dicen que existen dos tipos de personas: las locuaces, que suelen estar vacías por dentro, y las calladas, que suelen sentirse plenas. En un podcast, abusar del silencio no es una buena opción, pero la locuacidad como la utilizan la mayoría de ellas, denota precisamente que poco tenemos que esperar de la carga intelectual. Y lo siento, porque son las generaciones que se están convirtiendo en líderes de opinión. Son las mujeres comunicadoras a las que escuchan miles de jóvenes, construyen sociedad, pero ¿qué tipo de sociedad? Y vuelvo al smartphone, porque como dice Alessandro Baricco en “The game”, no se trata de tener miedo a la revolución digital, sino preguntarnos de qué estábamos huyendo cuando enfilamos la puerta de una revolución semejante. Ha habido un hombre/mujer inteligente que ha generado la revolución digital. El nuevo individuo no es el producido por el smartphone, sino quien lo inventó, el que lo necesita, el que lo diseñó para su uso y consumo, el que lo construyó para escaparse de una prisión o para responder a una pregunta como para callar un miedo. ¿De qué estábamos huyendo? ¿Por qué?

El podcast crea una relación íntima con el creador

Es un fenómeno global porque este tipo de podcast florecen en muchos países de habla hispana. El podcast es el canal y los creadores de contenido tienen una gran responsabilidad social que no se percibe como tal. Hay muchas jóvenes creando estos contenidos sin que nadie les diga que no aportan nada. Porque hay otras muchas creyendo que su aportación les completa con un sentimiento de pertenencia. Me encuentro con alumnas que quieren enfocar su carrera profesional en esta dirección, y ya hacen sus podcasts para distribuirlos en Ivoox y Spotify. Yo no soy nadie para decirles que se están equivocando de camino, simplemente mi objetivo es mostrarles el resto de caminos para que ellas mismos se den cuenta.

Que nadie se ofenda, por favor. Seguramente soy yo la que tiene en su cerebro y en el tamiz de los sentimientos las carencias para entender y rendirme a este fenómeno.

Que nadie se ofenda, por favor. Seguramente soy yo la que tiene en su cerebro y en el tamiz de los sentimientos carencias para entender y rendirme a este fenómeno. He estado tentada a poner una lista de los podcasts que no te recomiendo escuchar, pero las listas prohibitivas recuerdan a una caza de brujas innecesaria. Porque estoy segura que, si estas chicas leen en diferentes direcciones, van al teatro, viajan, hablan con gente que rompa su burbuja ideológica, en definitiva, cumplen años intelectual y emocionalmente plenas, acabarán haciendo productos sonoros, podcasts de calidad dignos de pasar a los anales del audio. Mientras tanto seguiré escuchando en mi playlist podcasts conversacionales de mujeres que me diviertan y me aporten, que haberlos haylos.

¿Alguna recomendación?

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