La radio de verano, cuando los ratones bailan.

La radio de verano es la radio de guerrilla. Es la radio de las oportunidades, y a veces de las eternas oportunidades. Cuando llega el verano la población en general ansía descansar. Los que hacen la radio en primera línea durante toda la temporada, también. Este año con la Covid-19 ha sido raro, muy raro. El descanso se presta con una cadencia mayor. Pero como cada año, desde que yo la conozco, y mucho antes a juzgar por lo que cuentan, es el momento de los de la segunda fila. Y no es una fila menor, no, porque son los puntales de la programación de primera línea durante toda la temporada, y cuando el líder o la lideresa se retira a contar nubes o hacer la ruta de las ferias, ellos y ellas brillan en la antena. Siempre me ha gustado esta radio de segundas voces a la que yo llegué por primera vez hace veintiséis años. Llegué un verano caluroso de julio, a hacer la producción en la radio de entonces con , entre otros, un Jose María Alfageme que a su vez había sido el sustituto de Iñaki Gabilondo en otros veranos de su vida. Porque la radio te da esos veranos de tu vida que pasan a la historia que muy pocos recuerdan, pero que a ti no se te olvidan. La radio de verano tiene muchas más posibilidades y gana el que la hace y quien la escucha. Te lo explico.

La radio de verano tiene muchas más posibilidades y gana el que la hace y quien al escucha.

Cuando llega el verano suelen disminuir los tiempos de publicidad; eso implica que los minutos en antena aumentan para los contenidos. Hay más tiempo para las entrevistas, más tiempo para profundizar en las historias o las noticias. Además, también te diré que los temas siempre tienden a ser interesantes por lo cercano que quedan, porque el foco cambia y curiosamente lo que llamamos local, gana terreno. Cambia el lugar donde se ubica la noticia y por lo tanto sus protagonistas. Despojados de las prisas, los temas recogen el fluir de los pensamientos que por una extraña razón en el tiempo estival adquieren una euritmia propia del agua del río o las olas del mar. Es el momento en el que la radio acoge bajo el ala de la profesionalización, a los que quieren ser radiofonistas del futuro. Dicho de otro modo, la radio en esta época se llena de becarios, periodistas formados en postgrados de radio o en sus últimos cursos de grado que vienen con muchas ganas de demostrar que saben, pueden y quieren hacer cosas diferentes. Su mirada fresca de la vida y de la comunicación, permite hacer propuestas interesantes que el redactor ducho en el micro, recoge con el convencimiento, y a veces la esperanza,  de que se están refrescando los formatos. Hay de todo como en la vida, no nos vamos a engañar, pero experimentos como La vida Moderna acaban convirtiéndose en algo más que un restriegue de ondas estival.

En el verano se han fraguado algunos de los profesionales que luego pueden dar un paso adelante en la programación del año.

Aunque son muchos los que se quedan en esa eterna postura temporada tras temporada y de promesa, a veces se corre el riesgo de convertirse en reliquia sin hornacina.  A quien le toca hacer programas durante el verano sustituyendo a los comunicadores le puede el pundonor de tener que hacerlo bien. A mí me molesta soberanamente que los jefes lo vendan como una oportunidad. Pero me molesta más que el profesional lo crea así. Recuerdo en un despacho, no hace mucho, a alguien que me trataba de convencer de como «iba a brillar haciendo programación de verano», e insistía: «todo el mundo te va a conocer». Claro, que los cantos de sirena si no se escuchan no te aturden, y a las pruebas me remito. Quien trabaja bien, lo hará bien, y son muchos los que se afanan porque la información y el entretenimiento estén a la altura de lo que se juegan.

Photo by Eric Nopanen on Unsplash

Son muchos más, todos los que caben en la programación de cada casa, pero repaso sólo algunos de esos nombres:

Por ejemplo, Agustín Bravo se hace cargo en COPE de EAH (Esperando a Herrera). El mes de agosto en COPE el “tito” Agus como se hace llamar por sus compañeros se vuelca visibilizando el trabajo de los aspirantes a radiofonistas que la cadena acoge cada año. Agustín se deja querer por los oyentes, por sus “sobris” y por todos los profesionales con trayectoria de años que trabajan en verano. Antes, pilota la parte informativa con gran acierto Sergio Barbosa, criado a los pechos de la información pura y dura durante muchos años en COPE. Porque el boletín curte al editor como pocas cosas en la radio. En la casa de enfrente en Onda Cero, el proceso es parecido. Oscar Plaza, afincado en el turno de noche, reparte el juego informativo que Alsina deja solo en época de vacaciones, porque este jefe Carlos de absentismo laboral no entiende.  No suele dejar muchos días sin aparecer por el micro porque no le van las ferias, ni los caminos pero Begoña Gómez de la Fuente se queda al quite del camino del entretenimiento. Alfredo Laín sustituye a Pepa en la RNE pública tan convulsa en los últimos tiempos.

Julia Otero se sumerge en el descanso del guerrero y Carmen Juan se queda al frente del programa que rezuma la forma de hacer radio habitual de cada tarde. Carmen tiene la capacidad de ser la guardiana de #JLO con su impronta, sin duda, pero con el convencimiento de que cuando vuelva la jefa todo estará en el mismo sitio colocado. Carmen cubre las ausencias de Julia en temporada pero al frente del programa en verano coge los mandos Arturo Tellez. Como la propia Carmen indica «al que hay que reconocerle el esfuerzo y la profesionalidad».

Un camino profesional largo el de Lourdes Lancho en la SER a la que admiro su buen hacer radiofónico que se queda pilotando con su sello el formato veraniego de “A vivir”. Lourdes trabaja al servicio del sonido todos los fines de semana de una manera casi artesanal, y al frente del magacín de la cadena despliega una forma de hacer radio fresca, intuitiva y que atrapa, sin perder la marca de la casa por muy enganchado que estés a del Pino. Una gozada.

Barbosa, Plaza, Juan y Lancho.

No están todos los que hacen la radio del verano, son solo unos ejemplos, porque desde la programación local a la nacional, la radio da la vuelta a su calcetín para poder experimentar con nuevos programas. La radio en verano tiene la posibilidad de probar en antena lo que no cabe normalmente y muchos programas han surgido así en este pilotar veraniego. Es el momento, por ejemplo, de llevar podcasts que solo están en la radio online a la antena. Y ser valiente como programador para apostar con ellos la siguiente temporada si funciona en la radio síncrona.

Yo he sido de esta radio de guerrilla, maravillosa radio que no baja en calidad, sino todo lo contrario. Es como un soplo de aire fresco de voces y programaciones, es el cambio de armario de la temporada radiofónica. Es la radio que acompaña el verano y que este año raro raro, tendrá más si cabe su razón de ser. La radio de verano es la mejor escuela para los que empiezan porque como un todoterreno hay que adaptarse a lo que venga. ahora mismo redacciones en cuadro tanto por la crisis como por las vacaciones. Los recién llegados maduran en verano mucho más que en cualquier otra época si lo saben utilizar bien.

Es la radio sin jefes, esos que presionan siempre de manera demesurada-no puedo dar muchos detalles, no sería elegante-. Ellos se van de vacaciones y el tono muscular de la redacción se relaja.  Un veterano compañero ya jubilado decía: “cuando el gato no está, los ratones bailan”. Bendito baile de sonido veraniego.

No me gusta dar consejos, prefiero las recomendaciones. Por eso te digo: escucha la radio estival porque ahí hay mucho que aprender.

¿Cuáles son tus programas favoritos en la radio de verano?


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