Educar a los hijos con la mirada, un nuevo reto.

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Educar desde la mirada es algo que hacemos casi sin darnos cuenta. He oído muchas veces eso de “Mi padre me fulminaba sólo con mirarme y sabía lo que tenía que hacer, es que ni me movía”. Esa autoridad que se expresaba sólo con mirar a los ojos de un niño, es algo que se transmitía en una sociedad a la sombra de la figura paterna que educaba como había aprendido, normalmente desde la distancia en los sentimientos. Quizás con la idea de huir de algo que nos incomodaba, no nos gustaba y además nos reprimía como personas, hemos a prendido a no mirar directamente. Pasamos por la vida sin fijarnos en el otro, sin mirar a los ojos del que nos habla, del que se acerca a nosotros durante el día, estamos ciegos ante lo que pasa ante nuestros ojos. ¡Y mirar es tan importante!

El poder de una mirada nos permite contemplar y descubrir algo valioso.

La mirada permite impactar en el otro, crear sinergias. Si un desconocido te mira, provoca en ti sensaciones afines o rechazables. Si le devuelves la mirada le estás dejando que mire en ti y eso puede ser muy importante, genera confianza, cercanía y es transmisora de valores. Aunque también es verdad que no siempre la mirada tiene este halo blanco y transparente lleno de connotaciones positivas, hay miradas asquerosamente sucias, pero no estamos en ese tema.

Es necesario utilizar la mirada para acompañar a tus hijos.

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Y ahora analiza ¿Cómo es tu mirada? A veces miramos y ponemos etiquetas. “Eres un desastre, tienes la habitación hecha una pocilga”, le estás poniendo el hastag #desastre #desordenado #cerdo. “No haces los deberes ni un sólo día, tengo que estar encima de ti” o lo que es lo mismo #vago #irresponsable #fracasoescolar. Normalmente esas etiquetas se impregnan en la piel y trascienden más allá de lo estrictamente privado y a veces incluso se utilizan fuera de casa. Los expertos en acompañamiento nos recuerdan la importancia de no quedarse en esas etiquetas sino mirar a fondo, sí ya sé que eso requiere tiempo, pero nuestros hijos necesitan tiempo y aunque no lo creas más cuando se hacen mayores. Mira a fondo para ver toda la persona, la persona entera, busca la belleza de cada uno y recuerda que la mirada del niño es verdadera, es positiva, no censura, ni se escandaliza. Por eso tus hijos piensan que eres el mejor padre, la mejor madre del mundo. Y para eso hace falta mucho AMOR.

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La mirada es maravillosa si va acompañada de comprensión, entendimiento y algo de esperar a cambio. Yo no quiero fulminar a mis hijas con las pupilas, que muchas veces lo he hecho y he recibido por respuesta unos ojos en blanco con la etiqueta de #pesada #otravez #déjameenpaz, que me saca de mis casillas. Yo quiero mirar a mis hijas y que me entiendan lo que quiero decir con mi mirada, me encantaría poderles advertir “sé prudente”, “muy bien”, “estoy orgullosa de ti”, “te quiero”….

Te animo a que practiques esa mirada que da fuerza positiva al acompañamiento, que se entiende como un descubre lo esencial que hay en mi persona.

Empieza por hacerte estas preguntas porque realmente funcionan:

-Cómo miro yo, cómo es mi mirada.

-Cómo me miran.

-Cómo me miro a mi mism@.

-Cómo es la mirada que más me reconforta y de quién proviene sin pedir nada a cambio.

Tenemos tarea por delante, mira, mira.

Fotos vía  Pixabay
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