No he nacido feminista, he nacido mujer

Esta frase se la escuché a una compañera periodista dentro de un foro de violencia machista, y me gusta. Respeto mucho las opiniones de todos y no voy a entrar a valorar el feminismo ni la manera de trabajar que han adoptado desde las redes sociales que no comparto, porque a veces rezuma un odio generalizado hacia los hombres  que no me parece sano. Sí, estoy muy de acuerdo que el machismo está muy presente en nuestra sociedad y que únicamente educar en igualdad es la manera de ganar esta batalla pero no debemos hacerlo reproduciendo las formas violentas y el sometimiento propio hasta ahora del despreciable machista que tanto criticamos. Creo que hay que educar en la igualdad desde la perspectiva del ser humano. Es decir, te tengo que respetar no porque seas mujer, sino porque eres un ser humano tan valioso como yo. Desde ese respeto y el amor incondicional hacia el prójimo sea cual sea tu sexo, tu color de piel, tu religión o el estrato social y económico en el que vives, se podrían terminar muchos de los problemas en este mundo. Y es verdad que seguimos sin hablar de la mujer con respeto, seguimos despreciando su protagonismo social y seguimos haciendo juicios paralelos por su condición profesional o por sus actos personales. Pero el problema de la violencia machista está generado en gran medida también por la crisis de valores, por la falta de la educación afectiva en el seno de la familia.

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Hace unos días entrevisté a una mujer relevante en el mundo de la Ingeniería, historia que espero poder contar en COPE próximamente. Ha conseguido cosas a las que otras no han llegado. Me hablaba de cómo en las Universidades siguen siendo las mujeres un tercio del alumnado, igual que cuando ella empezó. Me encantó como me decía que la mujer ha de renunciar a las cuotas, a estar ahí porque alguien quiere cumplir unos cupos políticamente correctos. Ella y las de su generación quieren estar ahí porque les ha costado mucho llegar.

En el informe Pisa esta semana uno de los datos que destacaban es que las chicas son mejores que los chicos a la hora de resolver problemas en grupo.

Los medios de comunicación recogieron las cifras de cuales eran las mejores Comunidades Autónomas y cuales las peores. Ni rastro del dato femenino. En ese informe los chicos daban muy bien en ejecución de tareas, ellas eras más entusiastas y solidarias. Del trabajo en equipo se alegran del éxito de sus compañeras. Ningún medio generalista tituló así. Oye que ya somos las peor pagadas, las peor reconocidas dentro y fuera de la vida profesional, las peor en muchas cosas. Por cierto, en ese informe también se pone en valor el papel de la familia en esa educación, pero eso es harina de otro post.

Una de las grandes  científicas, investigadora en oncología,  de este país como es Inmaculada Ibáñez de Cáceres encontraba este periódico envolviendo un juguete de hace treinta años. Me ha mandado esta foto para que seamos conscientes de lo que queda por hacer si la esencia de la información sigue siendo la misma. Es verdad que hoy no titularíamos así, pero lo que se cuenta en la información es lo que viven las mujeres en la Ciencia cada día en este país en 2017.

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Con estas tres ideas se me ocurre pensar en cómo afrontar la lucha contra la Violencia de Género en una sociedad donde a parte de hashtags, eslóganes e intenciones, sigue pasando lo mismo que hace treinta años.

Igual el informe Pisa hay que enfocarlo diciendo que chicos y chicas tienen distintas capacidades y habilidades, que todas son necesarias para el trabajo en equipo y que potenciarlas para compartirlas desde el respeto es lo mejor que podemos hacer si queremos que nuestro mundo funciones.

Me ha dado por reflexionar que las cuotas discriminan en positivo porque no se potencia el talento y que la violencia machista seguirá latente en una sociedad donde los “empleos masculinos” sigan siendo vistos así treinta años después por mujeres que no se animan a las carreras de ciencia y tecnología porque es un coto genéticamente prohibido .

Chicas, chicos, de nada sirve que digamos juez y jueza, médico y médica si no vemos que detrás de las palabras hay un ser humano como tú, él o ella.

fotos  vía Inmaculada Ibáñez de Cáceres  y Pixabay
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