¿Te acuerdas de tu primer amor?

Bueno que ahora visto en la distancia para ti el amor es otra cosa, sin duda. Pero seguro que te acuerdas de la primera vez que el amor llamó a tu puerta en forma de beso, de paseo por el parque, de me han pedido salir, de me ha dado la mano. Es el amor por el otro en el estado más inicial y primario que el ser humano conoce. Una atracción entre física y química que la mitad de las veces no atiende a razones y nos complica la existencia.

 

¿Cómo afrontar eso con tu hij@? Hemos hablado otras veces Copia de my girlde la inteligencia emocional y cómo a veces ponernos en el lugar del otro ayuda, aunque cueste remover la caja de los sentimientos que creías aparcados. ¿Qué sentiste tú? ¿Cómo lo viviste? ¿Qué te hubiera gustado que te dijera tu madre? Normalmente las madres son más proclives a entender este momento  porque en el tiempo suele idealizarse si la experiencia ha sido buena. Los padres, con sentimientos más básicos y prácticos, lo tienen más enterrados y nada idealizados.

Mr B y yo hemos hecho hace poco este ejercicio de recordarlo. Yo me acordaba perfectamente del primer beso que me dieron. No, no fue él, a él le conocí unos besos más tarde, tampoco muchos, pero aunque tiene muchos de los títulos colgados de la habitación de la relación, le falta ése. El caso es que me acuerdo de cómo fue, de dónde fue, hasta del día que fue y por supuesto con quién fue. Lo que no recuerdo es si lo compartí en mi casa con alguien. Las amigas claro, pero ni por asomo se me ocurrió decírselo a mi madre, y a mi padre menos.

Yo tenía 14 años y todavía llevaba uniforme con calcetines.

Mr B al principio negó acordarse, pero al final claudicó. Sí, se acuerda también de cómo fue su primer beso/rollo/novia. A mi no se me olvidará 30 años después el semáforo de Doctor Esquerdo donde besé por primera vez unos labios, los labios de otra persona, y me gustó descubrir lo que era aquello.

¿En qué quedó todo eso? En una experiencia más en tu vida de aprendizaje. Es uno de los estados naturales del hombre, con el que hay que aprender a convivir. Del que hay que aprender a vivir y salir indemne. La precocidad en las relaciones de los jóvenes de hoy de las que nos advierten los expertos, implica una mejor preparación y lo que es más importante, educación en valores, hacerles ver que el sexo sin sentimientos está vacío y al final te deja una vida con poca mochila, diría que  sin nada. A nuestros años los padres miramos con nuestro bagaje relaciones sencillas, lo miramos con lo que se llama “mirada sucia”, pero  con 14 años ¿cómo lo veías tú? Te gustaban sus ojos, sentías un nudo en el estómago cada vez que os veías y no estabas más a gusto que oliendo el olor de su ropa, el olor del paraíso (ahora que eres madre/padre entiendes que simplemente se trataba del suavizante con el que su madre lavaba la ropa). Y es que con 14 años todo se idealiza hasta que la realidad te abre los ojos, la realidad o tu padre que se enteraba y te caía la mundial. Yo guardo todavía la primera carta que un chico me escribió y lo hizo en un montón de servilletas de bar. Lo flipo, diríamos ahora. Nada romántico pero a mi me pareció una gran muestra de amor después de desterrar la idea de cutre. Al menos el Verano no le hizo olvidarse de mi. Que esa es otroa ¿qué tendrán los Veranos para los primeros amores?

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La psicólogo Laura Soraluze Vicario , especializada en infanto-juvenil, asegura que “el amor es algo muy complicado y complejo, por lo que acertar en una generalidad no resulta muy acertado ni fácil” La responsable de Psi and Co, explica como “El amor es un gran saco en el que influyen aspectos tan diversos como la identidad, el apego, los valores, los ideales, las expectativas…. Pero creo que si algo caracteriza precisamente a ese amor idealizado de la adolescencia es el anhelo de lo que nos gustaría ser y en cierto modo creemos que no somos.” Sólo existe ese amor, tus padres no te entienden, tus hermanos te hacen la vida imposible, ¿por qué?  “De ahí la ceguera: colocamos en el otro como verdad absoluta aquello que deseamos que ocurra en nosotros.”

¿Y qué le digo a mi hij@ si me entero de que está saliendo con alguien? Cada uno tiene su receta y forma de comportarse. Pero lo que es importante es educar en una formación de valores. Si es un niño deberás trabajar el respeto a la mujer, el ver a la niña como lo que es, una semejante que le querrá y se dejará querer sin sufrimientos de por medio. Si es una niña deberemos hacerla ver que tiene que hacerse respetar, que tiene que hacerse valer, pero por supuesto también respetar al otro y hacerle ver que lo tortuoso no llega a ningún sitio, que en la verdad de los sentimientos más sencillos está la base de la convivencia. Es muy importante que entiendan que el valor del ser humano está precisamente en el intercambio de experiencias, pero no en valorarse como un objeto. Son una generación que consiguen todo sin esfuerzo, que lo cogen y lo dejan a la misma velocidad, que experimentan a golpe de un clic, que se virtualizan antes de ponerse piel, que sienten lo mismo que nosotros pero los instrumentos son más globalizantes y multidireccionales. Los jóvenes tienen la necesidad de expresar lo que sienten. Antes las cartas funcionaban, una cabina de teléfono con monedas, ahora una foto en Instagram, una red social que no deberían tener hasta los 16 años pero que la tienen, lo dice todo. Y ojo que estamos hablando del despertar de sentimientos que hay que apuntalar, porque poco después vendrá el sexo, y ahí sí que ya jugamos en primera división y hace falta mucho nivel de jugadores y entrenador. Si haces bien la pretemporada tienes más posibilidades de ganar la liga.

 La Psicología Laura Soraluze nos pide que paremos a pensar “¿qué hay de todos los deseos y anhelos que el otro, bajo el deseo de agradar o gustar trate de mostrarnos, no siempre bajo la verdad ni sinceridad? Las relaciones, tal y como se suele decir, son cosa de dos, como un boomerang que va y viene constantemente en forma de interacción entre dos personas cuyas historias y anhelos hacen infinitas las posibilidades de dar forma a ese laberinto de emociones y “tormentas cerebrales” (Daniel Siegel)”

No te asustes, no te cierres en banda. Pero tampoco seas su colega, somos sus padres, es el papel que nos toca, sin olvidarnos lo que sentimos y cómo lo vivimos es así como podemos ayudarles. Lo ideal es crear un clima de confianza para que vengan a ti a contártelo, a pedirte consejo sin miedo al castigo. Pero cada niñ@ es un mundo y lo hará a su manera y de acuerdo a su personalidad. Buscarán a un tío, a una tía, a una profesora enrollada, a la madre de una amiga más comprensiva, porque necesitan apoyo para resolver sus dudas desde la perspectiva de un adulto. Los jóvenes necesitan ser escuchados. Trabaja la confianza para que puedan buscarte y lo que es más, para que te encuentren. Lo decimos siempre, si les has enseñado a comer, a andar, a dormir y a nadar ¿por qué no les puedes enseñar a amar? Y es como todo, se caerán, se levantarán y al final aprenderán solos. O no.

¿Te acuerdas de tu primer “amor”? ¿Cómo tratas estos temas en casa?

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