Las mejores madres del mundo.

“Hay una cosa peor que tener cáncer,  que tu hijo lo tenga”.

Cuando Bárbara me hizo esta reflexión durante una entrevista se me hizo un nudo en la garganta. Ella es voluntaria de la fundación Aladina, tiene 23 años y le diagnosticaron un cáncer cuando tenía 21. No tiene hijos pero pasa mucho tiempo en el hospital junto a los niños y a las madres “Yo estaba muy comprometida en las redes sociales, pero nada más. Cuando me tocó a mi ,y vi que había niños mirando al techo de una habitación todo el día, decidí que tenía que hacer algo por ellos“. Ahí Bárbara comenzó su compromiso, ahora va todos los martes a alegrar las tardes a los niños del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. En el camino de estas familias hay mucha gente maravillosa como la Fundación Aladina que va a reformar la UCI del Hospital Niño Jesús de Madrid, donde hace una labor ya impagable. Lorena Díez directora de Hospitales de la Fundación me contaba que su objetivo es que ningún niño se quede sin sonrisa “estamos al lado de las familias, de los padres acompañando en el momento que te dicen que tu hijo tiene cáncer, y en todo el camino por hacer”. Porque ese camino es largo y duro.

 

smile-191626_1920.jpgYo quiero acordarme de los padres, los verdaderos puntales de estas situaciones que necesitan el apoyo de gente como la fundación de Paco Arango. De una familia a la que adoramos la de Lucía. A su madre Raquel recuerdo que hace un año se le borró la sonrisa que eternamente cuelga de su cara desde que la conozco cuando teníamos 19 años y montábamos en Vespino. Desde entonces a ella y a Jorge les quiero como si fueran familia, y son la muestra de que la amistad cuando es de verdad dura y te hace reír de alegría o mojar las penas con llanto.  Ahora Raquel vuelve a tener esa sonrisa porque  Lucía está más guapa y más vivaracha que nunca. En sus días de hospital conocí a otras madres con las que ellas compartían sus sesiones, sus subidas y bajadas, sus horas en un lugar donde la vida se detiene para ti  y sólo la ves pasar por la ventana a ritmo de un semáforo que no va contigo. Todas esas madres tenían el mismo perfil, un amor entre cuatro paredes de hospital sustentado por un coraje que sorprendía. ¿De donde sacan fuerza?, me preguntaba con asombro. Hoy la pedí  a Raquel un consejo para los que están inmersos en ese paso de cebra sin tráfico, y me decía que “aunque parece  que no hay luz porque lo que te ha pasado a ti es tan fuerte, tan grave, se puede salir, tú dices: yo no voy  a poder. Pero cuando vuelves la vista atrás te das cuenta que sí que puedes. Porque el ser humano puede ser más fuerte de lo que piensa

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El afán de superación es en el que vive inmersa otra amiga María. Sus dos mellizas están ahora en la incubadora. Han nacido prematuras. Ella lo ha pasado fatal tras una preclampsia y sin a penas recuperarse se pasa el día en neonatos porque sus cachorritas necesitan su piel. Yo la entiendo, he pasado por eso, y cuando me decía que la culpa te invade me daba mucha rabia, porque ante la impotencia de decir porqué me ha tocado a mi, vienen las culpas, ¿qué hecho mal? Nada, una madre no hace mal. Ese sentimiento hay que pasarlo porque con el tiempo, trece años después como yo ahora, sólo quedará cuando la mires con admiración, todo lo que has hecho genial. Las madres somos especiales, pero ante la adversidad cruzamos montañas nevadas con cesáreas tiernas si hace falta. Porque una madre duerme meses en las silla de un hospital y es capaz de ponerse sus zapatillas y salir a correr al Retiro. Porque a pesar de no poder con su cuerpo, acampa al pie de la incubadora con fuerzas para cantarles las nanas que se prometía junto al cuco de casa. Pero todo eso llegará, pasará y lo malo será un recuerdo con bruma y algún olor evocador. Dejará una huella, la justa.

María, Raquel, sois las madres más estupendas que nunca vuestras hijas habrían soñado. Y cuando ellas os busquen en el espejo de la vida creerán que no hay mujer como vosotras por todo lo que las habéis dado. Porque una madre es más madre ante la adversidad y porque una madre es capaz de olvidar todo el dolor, todo lo malo y quedarse con lo mejor, porque tiene el tamiz del corazón que todo lo criba.

 

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